“El trescolumnas”
Hace algunos años, en la tienda, un cliente me encargó una columna de estilo jónico, de aproximadamente un metro de altura, para hacer una entrada en su piso.
En aquel momento no tenía esas columnas en la tienda, así que tuve que ir a buscarlas, comprarlas y pintarlas tal y como el cliente me las había pedido.
Avisé a una amiga que tenía un Opel Ascona, de aquellos coches con un maletero tan grande que, vacío, parecía que hasta hacía eco. Y allá que nos fuimos las dos a buscarlas, al estilo Thelma y Louise.
Nos habían informado de que en un pueblo cercano había un almacén de materiales de obra que las vendía a muy buen precio y de buena calidad, así que allí nos dirigimos con el Opel Ascona blanco impoluto, tan grande que casi necesitaba dos aparcamientos.Por supuesto, el Opel Ascona era tan viejo que no tenía aire acondicionado. Lo único que tenía era un gran maletero.
Cuando llegamos, todo estaba cerrado. No había ni movimiento ni ruido… nada. Y recuerdo mucho calor, porque empezaba el tórrido verano, y allí, donde no había nada, tampoco había sombras.
Miramos alrededor y vimos que cerca había una casa con lo que en su día pudo ser un jardín, ahora lleno de trastos viejos. Aunque todo parecía cerrado, se notaba que allí vivía gente, porque los aires acondicionados estaban encendidos.Nos acercamos. La puerta de entrada estaba en un piso superior. Abajo, en la planta baja, había lo que parecía un garaje medio cerrado. Subimos muy despacio las escaleras para llamar y preguntar si el almacén había cerrado para siempre o solo esa tarde.
Llamamos y tardaron en abrir, pero oímos ruido dentro… voces que no entendíamos.—Hola —gritamos—, solo queremos preguntar una cosa.
Después de unos instantes, apareció una mujer, normal, vestida con unas mallas y una camiseta fresquita, y no precisamente guapa.
—Buenas tardes, queríamos saber…
No nos dio tiempo a terminar. La mujer se quitó una chancla y empezó a insultarnos y a amenazarnos con ella. Nosotras salimos corriendo hacia abajo para alejarnos.
Creo que la chancla voló por encima de nuestras cabezas mientras le gritábamos:
—¡Perdone, perdone, no queríamos molestarla! ¡Ya nos vamos!
Entonces empezamos a entender lo que gritaba la mujer:
—¡Fuera de aquí! ¡Mi marido es mío! ¡Nadie me lo va a quitar! ¡Ya estoy harta de que todas vengáis aquí a buscarlo!
Y más improperios sobre la vida sexual de otras mujeres.
Nosotras, estupefactas, abrimos la boca y le gritamos:
—¡Nosotras solo queremos saber a qué hora abre este almacén, que necesitamos unas columnas!
—¡Mi marido no tiene ninguna columna! ¡Y si la tiene, esa es pa mí!
Menos mal que en ese momento llegaron un par de trabajadores del almacén. Nos acercamos a ellos y, riéndose de la situación, nos explicaron que al marido le llamaban “el tres columnas”… la razón… bueno, eso ya queda a la imaginación de cada cual.
Era conocido por traer a muchas mujeres, y la mujer era extremadamente celosa.
Al final, compramos las columnas, las subimos al maletero, llegamos a la tienda, las pinté y el cliente quedó muy contento con ellas.
Pero madre mía… ¡qué poco nos faltó!
—Buenas tardes, queríamos saber…
No nos dio tiempo a terminar. La mujer se quitó una chancla y empezó a insultarnos y a amenazarnos con ella. Nosotras salimos corriendo hacia abajo para alejarnos.Creo que la chancla voló por encima de nuestras cabezas mientras le gritábamos:
—¡Perdone, perdone, no queríamos molestarla! ¡Ya nos vamos!
Entonces empezamos a entender lo que gritaba la mujer:
—¡Fuera de aquí! ¡Mi marido es mío! ¡Nadie me lo va a quitar! ¡Ya estoy harta de que todas vengáis aquí a buscarlo!
Y más improperios sobre la vida sexual de otras mujeres.
Nosotras, estupefactas, abrimos la boca y le gritamos:
—¡Nosotras solo queremos saber a qué hora abre este almacén, que necesitamos unas columnas!
—¡Mi marido no tiene ninguna columna! ¡Y si la tiene, esa es pa mí!
Menos mal que en ese momento llegaron un par de trabajadores del almacén. Nos acercamos a ellos y, riéndose de la situación, nos explicaron que al marido le llamaban “el tres columnas”… la razón… bueno, eso ya queda a la imaginación de cada cual.
Era conocido por traer a muchas mujeres, y la mujer era extremadamente celosa.Al final, compramos las columnas, las subimos al maletero, llegamos a la tienda, las pinté y el cliente quedó muy contento con ellas.
Pero madre mía… ¡qué poco nos faltó!

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