sábado, 22 de agosto de 2026

 “El trescolumnas”

 

Hace algunos años, en la tienda, un cliente me encargó una columna de estilo jónico, de aproximadamente un metro de altura, para hacer una entrada en su piso.

En aquel momento no tenía esas columnas en la tienda, así que tuve que ir a buscarlas, comprarlas y pintarlas tal y como el cliente me las había pedido.

 Avisé a una amiga que tenía un Opel Ascona, de aquellos coches con un maletero tan grande que, vacío, parecía que hasta hacía eco. Y allá que nos fuimos las dos a buscarlas, al estilo Thelma y Louise.

Nos habían informado de que en un pueblo cercano había un almacén de materiales de obra que las vendía a muy buen precio y de buena calidad, así que allí nos dirigimos con el Opel Ascona blanco impoluto, tan grande que casi necesitaba dos aparcamientos.Por supuesto, el Opel Ascona era tan viejo que no tenía aire acondicionado. Lo único que tenía era un gran maletero.


Cuando llegamos, todo estaba cerrado. No había ni movimiento ni ruido… nada. Y recuerdo mucho calor, porque empezaba el tórrido verano, y allí, donde no había nada, tampoco había sombras.
Miramos alrededor y vimos que cerca había una casa con lo que en su día pudo ser un jardín, ahora lleno de trastos viejos. Aunque todo parecía cerrado, se notaba que allí vivía gente, porque los aires acondicionados estaban encendidos.Nos acercamos. La puerta de entrada estaba en un piso superior. Abajo, en la planta baja, había lo que parecía un garaje medio cerrado. Subimos muy despacio las escaleras para llamar y preguntar si el almacén había cerrado para siempre o solo esa tarde.
Llamamos y tardaron en abrir, pero oímos ruido dentro… voces que no entendíamos.

—Hola —gritamos—, solo queremos preguntar una cosa.

Después de unos instantes, apareció una mujer, normal, vestida con unas mallas y una camiseta fresquita, y no precisamente guapa.




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